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España como afición

Parece mentira, pero ha pasado un mes entero desde que colgué el cartel de cerrado por exámenes. En este mes han pasado muchas cosas, pero como todas ellas darían para muchísimos post y no es cuestión de volver atrás habiendo leído todo lo escrito por los compañeros de la blogesfera, solo destacaré dos cosas: la victoria de la selección española y el cumpleaños de mi blog.
Parece mentira, pero mi aventura bloguera ya ha durado más de un año, comencé allá por junio del 2007 y hay que ver lo que ha llovido-literal, y no tan literalmente- desde entonces. Espero poder compartir otros muchos años más con todos vosotros en esta aventura.

Y qué decir de la selección que ya no esté dicho. No voy a escribir sobre los resultados, sobre el juego, sobre Luis, ni sobre el gran Iker. Voy a escribir sobre la España como afición.
Qué raro se le hace a uno-y fíjate que no tengo muchos años recorridos- ver tanta bandera española suelta, tanta ilusión en abundancia, tanto canto español, los colores amarillo y rojo juntos y sin ningún reparo por el qué diran, el sonido ambiental de "Yo soy español" o "Viva España";es decir, un país unido como pocas veces lo hemos visto. Hemos visto una España aficionada que ha sobrepasado a nuestra mediocre clase política. La clase política que enviaba a la polícia para dispersar a las masas a base de palos, por estar promocionando un sentimiento que iba en dirección contraria al revanchismo que nos pretenden imponer. Una clase política que de ninguna manera ha estado a la altura de lo que se la requería: ¿dónde estaban las pantallas gigantes para poder verlo en Barcelona? Al parecer, si algo no le gusta al nacionalismo socialista-que gran contradicción- catalán son las multitudes-¿derecho de reunión? -, según Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, agrupar a mucha gente, "a menudo no es buena idea". Pero claro, depende de para qué.

En verdad, que aquellos que se autodenominan representantes del pueblo, cada día se encuentran más y más lejos de éste. Encerrados en sus despachos, con sus dudas y problemas identitarios que a nadie le importan y que no son más que algo inventado para seguir viviendo del cuento, es decir, seguir buscando excusas para poder ser "útiles a la sociedad" y subir los impuestos impunemente. Una clase política parasitaria por tradición. Enganchada a la ubre del erario público.

¿De qué vivirían los bachilleres de sus señorías si no fueran hombres del aparato del pártido? ¿Qué currículum pueden enseñar muchos en actividades ajenas a las de la política? ¿Qué méritos son los cosechados para encontrarse donde se encuentran? ¿La fidelidad a su "señor" sobre todas las cosas es una de ellas? Cuanto más se tarde, más difícil será de desalojar del poder democráticamente lo que de verdad empobrece nuestra democracia, lo que de verdad mina nuestra convivencia. Y cuando llegue ese día, no sé si quiera si los que hoy existimos, lo podremos ver. Pero si de algo estoy seguro, es de que ese día existe.