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La culpa es del funcionariado

Es un placer infinito ver coincidir en actos a las dos caras de nuestra moneda partitocrática. Retratándose como las dos cruces o dos caras de una misma enfermedad que nos aqueja. Reduzcamos el funcionariado público, aquel que se ha merendado o se merendará un proceso de oposiciones basado en principios como la igualdad y el mérito. Aquel que accede a una plaza en igualdad de condiciones con el resto y que ante todo es independiente porque no tiene que agradecerle a nadie lo adquirido. Porque este es el verdadero funcionariado y no otro.

Reduzcamos el gasto público pues: sobran funcionarios, sí. Pero, ¿qué tipo de funcionarios sobran? Pues sobran los funcionarios elegidos por el dedo divino, los funcionarios colocados en empresas públicas y cargos de libre designación que nada hacen y que todo lo cobran. Sobran los políticos que también son funcionarios, que votan y nada debaten en el Congreso y el Senado cuales rebaños se dirigen pastoreados por sus jefes de filas. Sobran directores generales, subdirectores, administradores, asesores, consejeros, delegados, concejales, diputados, senadores, ministros... ¿Ha propuesto algún partido político y sobre todo, ha propuesto el Partido Popular o el Partido Socialista una reducción seria de este tipo de cargos? ¿Están predicando con el ejemplo?

Hablaré de los que no sobran y es más, funcionarios que sí que nos hacen falta: jueces, policías, bomberos, inspectores de hacienda, inspectores de trabajo, funcionarios de prisiones, fiscales, funcionarios de juzgados... Y de esto tampoco se habla.

Porque sí que hay que reducir el funcionariado. Pero que no nos engañen. Sabemos cual es el tipo de cargos del que hay que deshacerse y eso precisamente no están dispuestos a hacerlo ninguno.

1 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Totalmente de acuerdo, Butzer. No sobran funcionarios mileuristas. Lo que sobran son altos cargos, que cobran cientos de miles de euros anuales por ser del PP$OE. Esta gente va a dejar el país hecho un solar, con unas desigualdades sociales tan grandes que acabaremos siendo como muchos países latinoamericanos: 90% de pobres y 10% de ricos. Son unos hijos de puta.